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Transnacionalización de los servicios telefónicos: 1928 - 1963

En 1928 la empresa estadounidense The Electric Bond & Share Company compró las acciones de las tres compañías eléctricas más importantes del país: The Costa Rica Electric Light and Traction Co. (cuyo mayor accionista era Minor Keith), La Compañía Nacional de Electricidad (propiedad de Felipe Alvarado & Compañía) y la Compañía Nacional Hidroeléctrica (de Enrique Ortiz Rivera).
 

Central Manual

Esto implicó la transnacionalización y el monopolio de los servicios eléctricos y telefónicos en el área central de Costa Rica. Operativamente, las compañías continuaron ofreciendo sus servicios por separado hasta 1941, año en que se fusionaron mediante el nombre comercial de Compañía Nacional de Fuerza y Luz Sociedad Anónima (CNFL). Los servicios fuero controlados administrativa y financieramente por la American Foreign Power Company subsidiaria de la Electric Bond and Share Company con sede en New York.

Por lo general, se asocia la Compañía Nacional de Fuerza y Luz con la generación y distribución eléctrica; sin embargo de 1925 a 1963 fue la empresa que brindó los servicios telefónicos en Costa Rica: resulta ilustrativo que entre 1927 a 1930 la CNFL instaló 1.470 líneas telefónicas, una central Stromber Carson de Rochester con 200 líneas en el año de 1940 y dos centrales con capacidad para 3.200 líneas en el año 1948.

Esta tendencia al crecimiento fue declinando hacia 1950, cuando la demanda sobrepasó la oferta y se empezaron a sentir los primeros síntomas de agotamiento. Por ejemplo en 1956, la central manual de San José atendía un promedio de 100.000 llamadas diarias.

Ya para 1955, se había planteado la urgencia de cambiar todo el sistema manual por uno automático, pues las centrales de magneto resultaban obsoletas y la numeración de cuatro dígitos se evidenciaba insuficiente. Por otra parte, los aparatos telefónicos eran ineficientes y los abonados estaban molestos por el mal servicio brindado.

Debido al deterioro del servicio, al alto costo que significaba extender la red y cambiar el sistema de centrales manuales por automáticas, la CNFL aduciendo que no tenía el capital ni el interés suficiente para hacerlo, le propuso al Gobierno costarricense asumir el sistema telefónico del país -pues en 1967 caducaba el contrato telefónico y no se llevaría a cabo la prórroga sin realizar las modificaciones requeridas, mediante dos opciones:

a) Que el Estado costarricense financiara la modernización del sistema telefónico.

b) Que el Estado adquiriera el servicio telefónico y lo modernizara de acuerdo con los adelantos tecnológicosn y con el número de los abonados.

El Estado costarricense optó en 1957 por asumir el servicio telefónico. Como primera previsión le solicitó al ICE un diagnóstico sobre el número de teléfonos que debería tener la red de tres a diez años plazo, con equipos totalmente automáticos y comunicaciones de persona a persona, desde cualquier punto del país.

El Presidente de la República, José Figueres Ferrer promulgó la Ley No. 2199 del 31 de marzo de 1958, concediéndole al Estado la potestad para explotar los servicios de telecomunicaciones. También procuró un contacto con el consorcio financiero italiano "La Centrale" para desarrollar el proyecto telefónico nacional.

En 1958 se abrió una licitación pública para ejecutar el proyecto de mejora y expansión del sistema nacional de telecomunicaciones. Ese mismo año se estableció una compañía mixta, denominada "TELCO", con participación del ICE y la empresa ganadora de la licitación. Pero este esfuerzo no fructificó, pues la Contraloría de la República impugnó, tanto la licitación, como a la empresa ganadora " La Centrale ". Esta disposición les abrió la posibilidad a otras empresas para buscar que el ICE les concediera los beneficios.

El ICE negoció en 1961 con los países centroamericanos a posibilidad de inter-conectar el istmo vía telefónica, para lo cual se solicitó ayuda técnica a la ONU. La administración Orlich le dio respaldo jurídico al ICE, en el marco de tales gestiones y nacionalizó los servicios de telecomunicaciones, facilitando así las negociaciones directas entre el ICE y la CNFL para que el Instituto asumiera el sistema telefónico de esa compañía.

En 1962 nuestro país ocupaba el último lugar en materia de desarrollo telefónico en América Central pues solo contaba con 1.000 aparatos automáticos; le seguía Honduras con 5.000, Nicaragua y El Salvador con 7.000 cada una, Guatemala y Panamá con 22.800 teléfonos automáticos cada uno.

En 1963, la CNFL contaba con 9.602 líneas, de las cuales 9.002 eran manuales y 600 automáticas. Pese a que en 1963 la central manual de San José era considerada la más grande del mundo, sus equipos eran obsoletos y el servicio deficiente.

   
   
 
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